Mi primera 20K

Mi primera 20K, la verdad que podríamos resumirla muy rápido…dura… muy dura, pero vamos a remontarnos a por qué nos apuntamos…

Ya era la segunda vez que hacía los entrenamientos para intentar llegar a hacer una ‘media maratón’, la primera vez fue para la media de Zaragoza, hice cada uno de los entrenamientos marcados por el club… pero en el último momento pensé que no era capaz de hacerlo y vendí mi dorsal…. Este acto conllevó un par de broncas… de mis compañeras… y de algún entrenador, pero yo no me veía capaz, ya no sé si física o psicológicamente, pero bueno… llegó el verano, nos fuimos de vacaciones, comenzó una nueva temporada del club y llegaron los entrenamientos para la Behobia.

Yo no tenía ninguna intención de hacer la carrera, pero no me importaba hacer los entrenamientos y así acompañaba a Ana en ellos. En una de las tiradas largas, estuvimos hablando de apuntarnos a la 10K de la Alfranca, ya que estaba marcada como objetivo, pero Ana me dijo que debería apuntarme a la de 20K. Yo volví a decir que no… pero al final me dijo que ella la hacía conmigo, tranquilamente como si fuese un entrenamiento. Comentamos por los grupos de whatapp la intención de hacerla y de repente… ¡nos apareció un acompañante más! Alex se venía a hacerla con nosotras, a nuestro ritmo, para que fuésemos tranquilas, así que al día siguiente nos apuntamos.

Continuamos con los entrenamientos, yo entrenaba sin pensar que lo estaba haciendo para una carrera, mi cabeza siguió pensado que los hacia acompañando a Ana, así era mucho mejor, sin presión alguna. Hicimos nuestras tiradas de 70, de 90 y de 100 minutos y yo veía que cada vez íbamos mejor… que unos cuantos kilómetros más (5km porque solo llegamos a hacer 15km) los aguantaba tranquilamente… y por fin llego el fin de semana de la carrera…

Le pedí Ana que no me hablese en toda la semana de ella, no quería que me volviese a pasar lo mismo que en las últimas carreras que hicimos en verano (mis tripas fueron un desastre total). Decidí tomarme esa semana en plan dieta (y sobre todo el día antes de la carrera): Comer bien,  nada de lactosa, nada de azúcar, no grasas saturadas…

Comenzaron los primeros nervios el sábado por la tarde, en los grupos de Whatsapp se empezó a hablar de la carrera y empezaron los mensajes de ánimo. Gladys… os tengo que confesar que silencié el grupo de Whatsapp y antes de cenar lo leí todo para irme a la cama todos esos mensajes que mandabais…

Por supuesto no podía faltar ese día el discurso motivador del Mister, dándonos ánimos y fuerzas para la carrera… ¡Gracias Alex!

 

Y ahora sí que sí… llegó el día…¡ahí estábamos plantados los tres en línea de salida!

Ana y yo a punto de llorar sin haber comenzado a correr…y Alex dándonos ánimos desde el minuto cero. . Y de repente …!comenzamos a correr!

 

Empezamos la carrera en un ritmo suave, tranquilos, hablando… iban pasando los primeros kilómetros y seguíamos bien, llegamos al primer avituallamiento, kilómetro 5’5( más o menos), bebemos un poco de agua los tres y seguimos…. llegamos al kilómetro 7, y me empiezo a encontrar mal, tengo ganas de vomitar (me diréis que fue todo psicológico y es muy probable, pero a mí en ese momento no me lo parecía). A pesar de ello continuamos al ritmo marcado, (un kilómetros más si no recuerdo mal) y comenzábamos a ver al pelotón de vuelta…

La cabeza de carrera ya nos había pasado hace un ratillo, era un camino estrecho (piedras a los lado y camino en el centro), obviamente nosotros tres nos echamos a un lado para que los que estaban de vuelta pudieran ir por el camino…¡madre mía como corre la gente!

Eso si , tengo que decir que todos nos iban dando ánimos, desde nuestros tres entrenadores que la estaban corriendo, dos valientes compañeras que también se animaron a hacerla, hasta gente que no conocíamos de nada…

¡Vamos chicas!…¡Ya no queda nada para la vuelta!.. así que nosotros a nuestro ritmo seguimos corriendo. Alex iba contándonos todas y cada una de sus vacaciones para que fuésemos entretenidas y dándonos ánimos continuos y … a los que nos dimos cuenta ¡segundo avituallamiento! Bebimos isotónico, cogimos fruta y seguimos dándole a las piernas… ya estábamos de vuelta, ya habíamos hecho la mitad, pero para mí estaba siendo un sufrimiento, estaba intentado no pensar… solo correr… me decía a mi misma: ”venga una zancada tras otra”, pero mi cara lo decía todo, estaba cabreada…

0tres

Al final llegamos al kilómetro 15…. Y justo en ese momento se me cayó el mundo encima. Estaba agobiada, me dolía el pecho y no podía más. 15 km era el tope que habíamos hecho entrenando, con los minutos que había en el planning y a nuestro ritmo, nunca habíamos podido hacer más. Justo en ese momento la cabeza falló del todo, (en vez de haberle echado huevos, y correr ya esos 5 kilómetros que nos separaban de meta contenta y orgullosa del trabajo realizado) yo solo pensaba en que no podía, que hasta ahí era mi tope, fin del juego…

Pero cuando me falló la cabeza, ahí estuvieron Alex y Ana, ayudándome para que consiguiera tranquilizarme, intentado que el dolor del pecho se me pasase, dando ánimos…

Estaban ellos dos más orgullosos de mí que yo misma, pero bueno… Así que con muchos altibajos seguimos como pude…

Estábamos ya visualizando el puente y junto a él, Jesús con la bandera del club esperándonos, gritando ánimos todo lo más alto que podía, y conseguí llegar hasta donde estaba él, y se puso  a correr con nosotros con la bandera a cuestas, apoyándonos en ese último kilómetro. Todavía recuerdo  sus palabras como si me lo dijese ahora mismo:  “Olvídate de todo lo que ha pasado hasta aquí, disfruta ese último kilómetro, están esperándote.”

Y comencé a llorar… Ana me cogió del brazo para ir las dos juntas, Alex y Jesús a nuestro lado continuaron dando ánimos y… ¡por fin llegamos! Todos gritando, animando, corriendo con nosotras esos últimos metros, ¡QUE GRANDES!, sabíamos que Alex quería que llegásemos solas a la meta, pero nosotras no queríamos entrar sin él, después de aguantar 20km juntos, así que Ana y yo lo pusimos en medio y cruzamos línea de meta los tres, como un equipo, como amigos.

 

0corriendo club

En ese momento solo recordaba unas palabras que me había dicho Ana: ”Tania cuando llegues a meta quiero que me des el abrazo más grande de tu vida.” ¡Y así fue! La estrujé con toda la fuerza que me quedaba.

0 abrazo

Justo después llegaron millones de abrazos, millones de palabras bonitas, de lo orgullosos que estaban de nosotras.

En ese momento pensé: ”una y no más santo Tomás”, pero luego dije: ”De eso nada, ahora a por la siguiente, necesito volver a hacer esto, pero disfrutando”.

– Ana, te debo una carrera en condiciones, sin ti nunca me hubiera atrevido a hacerla.

– Alex, gracias por aguantar esos 20 kilómetros con una sonrisa y haciendo que fuesen lo más entretenidos posible.

-Jesús eres un crack, ¡estas ahí siempre!

-Gladys, me quedo sin palabras con vosotras….

En resumen, muchas gracias a todos, los que estuvisteis ahí y los que no pudieron, también.

Seguiré entrenando como la que más, tanto las piernas como la cabeza.

Y no os olvidéis nunca ¡LO IMPORTANTE NO ES CORRER, SI NO CON QUIEN CORRES!

 

tania ana

 

 

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Lo fácil eran los 42 kms

Hola a todas. Muchas ya me conocéis, pero me voy a presentar. Soy Jésus, entrenador del club Reto 10k Women. Hemos compartido Behobias, medias maratones y multitud de carreras de diferente tipo. Pero nunca una maratón y este 2 de Abril de 2017 en Zaragoza (no pasaba por mi cabeza otra ciudad para estrenarme en esta mítica distancia) decidí asumir este reto, muy bien acompañado en carrera por cuatro compañeras. Ellas fueron Belén, Ana, Elisa y Anayet y ahora un lazo invisible me une a ellas….cosas de la maratón.

Pero creo que el relato que os voy a contar no va a ser una crónica sobra la maratón, si no sobre cómo he llegado hasta aquí. Para contaros esta historia (el mayor reto de mi vida hasta ahora) tenemos que retroceder a agosto de 2008.

Cómo explicaros a los que me conocéis ahora mi situación en aquel momento…. Abatido, cansado, triste, sin voluntad… hecho unos zorros. El mismo Jesús, o no… Hasta yo tengo dudas ahora, y eso que ya había tomado la decisión, obligado eso sí por las circunstancias, más importante de mi vida.

Solo tenía que renunciar, a lo único que me hacía continuar con una existencia gris, tirando ya a gris oscuro. Era lo más importante de mi vida, marcaba horarios, era mi señor, mi combustible, mi dueño, ya no me trataba bien como al principio, pero todo me daba igual, como que acabara con mi salud…. El alcohol.

“¿Pero cómo voy a ser alcohólico?No decís más que tontadas…  Si bebo como los demás. Lo hace todo el mundo. ¿Cómo me voy a divertir ahora? ¿Cómo voy a vivir ahora?”

Cosas así pensaba y decía. La primera lección que aprendí es que la capacidad de autoengaño del ser humano es infinita.

Ahora lo veo y pienso que tuve mucha “suerte”. Lo entrecomillo, porque lo que viví no se lo deseo ni al peor de mis enemigos.

Aunque no lo sabía, había comenzado una maratón en la que tres factores jugaron un gran papel.

Mi pareja Henar que fue quien me puso el problema en la cara. Ella se separó de mí, pero no me dejó, que era lo que me merecía. Aquí tuve el único momento lúcido en esa época. Decidí no dejarla por pesada (eso pensaba entonces. Hasta dónde llega tu esclavitud a una sustancia…) Si no hubiera tomado esa decisión, hubiera seguido bebiendo 10 años más, o tal vez toda la vida. Nunca lo sabré por suerte.

Pero no acabó ahí su ayuda. Alertó a mi familia, un pilar fundamental, y se informó y juntos fuimos a la Fundación Asarex  (la asociación más famosa es alcohólicos anónimos, pero existen otras. Esta es una organización aragonesa sin ánimo de lucro)

Allí me enseñaron qué es ser un alcohólico.

Yo creía que me iban a enseñar a beber… Qué tontada… Pero todos pensamos cosas parecidas al principio, porque ves totalmente imposible dejar de beber, ya que está presente en todos los sitios. Todo se celebra con alcohol, hasta en una desgracia se bebe.

Descubrí que es una enfermedad (declarada como tal por la OMS, organización mundial de la salud, en 1953), una droga. Sí, soy drogadicto, y cuesta aceptarlo, pero es por el grado de convivencia que tiene el alcohol en la sociedad.

Allí te dan armas para combatir, una de ellas es la terapia de grupo. Y te explican que la única medicación que funciona es la abstinencia y el tiempo. La abstinencia continuada hace que empieces a pensar con claridad, y el tiempo te da perspectiva. Suena sencillo pero no lo es…

Empiezas por los demás (pareja, familia, recuperar el trabajo…) pero el gran cambio empieza cuando comprendes que no lo conseguirás si no es por ti.

Segunda lección : la palabra egoísta no siempre tiene connotaciones negativas.

Me convertí en un asceta, un ermitaño, y dejé de salir con los amigos, pero conservo los buenos, por supuesto. Evitaba situaciones de riesgo y, poco a poco, empecé a ver que se podía vivir sin alcohol.  Pero sentía que faltaba algo.

Un día de 2014 tuve una llamada de dos personas que sabiendo mi situación, confiaron en mí : Gabriel y Sergio.

“Vente un día… Conoces a las chicas… Con la bici… Llevas agua… Animas un poco… Si te apetece…”

Algo había oído ya de un club de mujeres que se atrevían con todo y luchaban por sus retos.

Al poco tiempo de compartir entrenamientos, lo tenía claro. ¡Esto era lo que faltaba! Un grupo humano para conectar otra vez con el mundo, y que me sacara de mi letargo para volver a avanzar.

Aquí os tengo que dar las gracias a vosotras y a todo el club. He recuperado más autoestima en estos dos últimos años, que en los anteriores. Confió más en mí, he salido de mi cueva y me he decidido a volver a estudiar y todo.

Estos años abusando del alcohol, han pasado factura física y psíquicamente. Aún me cuesta hacer planes a futuro. Tanto tiempo viviendo el día a día, con la única meta de buscar mi dosis. También he comprendido que el alcohol existía antes que yo y seguirá existiendo cuando ya no esté, solo puedo hacer ver que no a todo el mundo nos sienta bien, con moderación o sin ella, es una droga.

Pero a todos nos pasan cosas (a mí me ha tocado esto) y creo que llega un momento que tienes que decidir: tirar la toalla o seguir hacia adelante.

¿No os suena? En las carreras pasa mucho.

Yo tuve un muro, lo pase mal, muy mal, pero no me rendí busque apoyo y como en la maratón que corrí,había un grupo maravilloso de mujeres que estaban allí para apoyarme y animarme a continuar.

Bueno, pues esta ha sido mi maratón, que hoy día continúa. Estoy bien, ahora lo puedo ver como una odisea, un viaje iniciático…enfrentarte a ti mismo sin tapujos, frente al espejo. Me siento más seguro que nunca, pero el alcohólico lo es para toda la vida y eso nunca se me puede olvidar.

Ahora recuerdo a un niño de 10 años entrenando en la pista de la granja y pienso que igual ese no era mi momento de correr sino ahora. Que entrenar no me quita tiempo, me lo da y que si es compartido aún es mejor.

Gracias a todo el mundo que me animó en esta maratón y a vosotras por hacerme sentir como una mujer reto al entrar en meta. Fue todo un orgullo.

Este relato va dedicado a toda persona que no ve la salida, sea el problema que sea, y les dedico esta cita que me encanta.

“En lo más crudo del invierno, aprendí por fin, que dentro de mi hay un verano invencible”

Albert Camus

 

 

Enlaces para más información:

Alcoholismo:             http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs349/es/

Fundación Asarex:   http://www.asarex.org/