“Y ME LLAMAN MEDIO MARATONIANA”

Después de meses entrenando en soledad, un 8 de junio de 2014, tras una carrera de 10 kilómetros con el calor infernal pisándome el alma, alguien me dijo:al año que viene, la Media Maratón Yo pensé que estaba loca sólo por pensar en correr más del doble de lo que acababa de terminar.  Pero las locuras, a veces, también se hacen realidad.

Esa locura no la podía cumplir sola así que decidí enviar una solicitud de admisión al Club Reto 10K Women Club, que tras su respuesta de aceptación, lo he convertido en mío.

La sensación de “cuenta atrás” la tuve el 18 de febrero, cuando en mi bandeja de entrada apareció un mail de Reto 10K Women, titulado “Plan Media Maratón Zaragoza 2015” con doce semanas de series, fartlek, fuerza y minutos y más  minutos de devorar kilómetros para ganar fondo y sobretodo, ganar confianza en eso de “soy capaz”.

Un tiempo de sacrificio consentido, luchando contra la pereza, la lluvia, el frio, los “no salgo” que mañana entreno o el llegar a elucubrar la manera de rascar minutos, convertidos en horas, a los días para cumplir con el Plan que daba titulo a ese tiempo de mi vida. Y de repente, lo que más me aterrorizaba, apareció: a menos de un mes del 10 de mayo me lesionaba impidiéndome dar una zancada más. De nuevo el RETO con todas sus letras y ello me trajo como significado que mis compañeras de fatigas (nunca mejor dicho) y los trainers hicieron posible esa recuperación de fuerza tan imprescindible. Esa bici con Mónica Olivera, el BTT duchado de barro con algunas intrépidas y en dos semanas de vuelta a las tiradas largas y a las series en todas sus modalidades y distancias.

BICICLETA

Última quedada antes de la Media (daba hasta miedo ponerle el apellido de Maratón), en el Azud del Ebro y ya se mascaban los nervios pero lo bonito de nuestro estado de tensión era su liberación a golpe de abrazo con todas…. Precioso!!

Pasta para cenar, mil mensajes de whatsapp de ánimos y a dormir pronto… A las 7:00 del domingo, 10 de mayo, como un resorte, arriba que a las 8:30 había que estar con las Chicas Reto para calentar pero incluso antes de empezar, fue más, mucho más… Allí estábamos las Chicas Reto con dorsal anclado en nuestra camiseta azul pero también estaban las Chicas Reto sin dorsal pero con pompones, pancartas, cencerros, pitos y unas ganas locas de gritar para llevarnos al recorrido y engullir kilómetro tras kilómetro, hasta completar los temidos 21 km, sí, una Media Maratón!! Me emociono sólo con recordar vuestros ánimos!!

grupo (1)

 

Mis chicas todas, pero en especial, Natalia y Estefanía que, aunque no pudimos correrla juntas como habíamos planeado mil veces, me las llevé conmigo, pegaditas a mi espalda y cuando en ese (para mi) infernal Km.15 en el que reconozco que caminé y mi cabeza me decía: “pasa de todo y vete a casa”; retrotraía la mirada al dorsal de mi espalda y entonces me decía: “De eso nada!! Adelante!! Llévalas a Meta!!!”

dorsal

En el cajón de salida, muchos nervios, emoción, fotos mil, ganas de saltar, gritar y cómo no, de correr. Un tridente de cuatro puntas: Elisa, Susana, Natalia y yo, apodadas como el “Club de las coletas” y que permanecimos juntas unos cuantos kilómetros para luego cada una buscar, o más bien soportar, su ritmo de carrera…. Chicas sois grandes!!!

Una primera vuelta de 10-12 kilómetros de disfrute absoluto, pero tras ello, vino ese espanto de Km.15 en el que caminaba, como el alumno que se porta mal en clase cuando el profe no le ve, pero resultó que sí que me vió y desde el otro lado del Paseo Longares, un grito de Israel se inmiscuyó entre mis demonios, diciendo a lo Forrest Gump: “Pilar no te pares, no te pareeeees, correee!!!!”. Mi cara de sorpresa fue mayúscula, era como el ojo de GH y me había pillado!

Yendo a la subida de la Z30, calor ya sofocante, ya no podía echarme más agua encima y sin embargo, con la mirada buscaba desesperada un botellín de agua, aunque fuera por el suelo, cuando vi a Jesús, furgo roja y una nevera que adivinaba un tesoro. Creo que me debiste ver cara desencajada porque enseguida te pusiste a rebuscar el agua más fresquita para dármela, te juro que parece que tenías una aureola divina a tu alrededor. Obnubilada por el poder del agua fría, pasó por mi lado otro de nuestros trainers, Gabi, en dirección contraria a la mía, para ir viendo a nuestras chicas azules, pero en mi caso, no podía ni volver la cabeza para advertirte que iba hacia el Km.17, muro del que tantas veces habíamos hablado, no podía quitar la mirada de lo que me quedaba por delante. Sorry, ahora sé que llegaste a pensar que había abandonado.

corriendo

Cuesta de la Z30 que adivinaba “everestina” y comencé a subir con una lucha bestial contra las puntas de mis zapatillas que no consentían que las levantara del suelo. De no sé muy bien dónde, apareció Sara en bici (qué encanto!!) y me subió a golpe de ánimo hecho palabra hasta el top de la maldita cuesta. Gracias Sara, para mi ese momento fue clave.

En el instante de hacer cumbre, no sé qué me pasó pero sentí como que mis piernas aprendieron de golpe todas las lecciones de muelles de acero, como que absorbieron  todos los gritos de ánimo incluyendo los de corredores que no conocía absolutamente de nada pero que se ponían a mi lado, miraban mi dorsal y me decían: “Vaaamos Pilar, que ya estamos en meta!! Y yo pensaba: “serán infiltrados del Reto??”

En la subida del San Vicente de Paul, ya se comenzaba a mascar el ambiente de la Plaza de nuestra meta y ese falso llano fue duro, muy duro pero me sentía fuerte. Es increíble comprobar cómo el músculo más poderoso hace que los demás obedezcan; cómo los recuerdos de las horas de entrenamiento sola o con las chicas, los recuerdos de los momentos sacados para fortalecer cuerpo y mente, de las lecciones aprendidas, de nuestros aplausos y alientos de ánimo como Club hacen que, con un golpe de autoridad, se imponga y el cuerpo obedezca al unísono. Todo ello y una cosa más para mi:  la fuerza de mi propia sangre que como un ángel de la guarda en forma de reloj de pulsera (o lo que queda de él) agarré con fuerza en mi mano y mirando a un trozo de cielo pensé: “ésta también va por ti, tato.”

reloj

Vuelta a la esquina y entrada en Plaza del Pilar, otra vez fuerzas de no sé dónde para dar zancadas de sprint dejándome llevar por los ánimos de todas esas gargantas que parecen que ahogaban mi cansancio. ¿Otra carrera? ¿Otra meta conquistada? Al menos para mi, no. Era mi meta pero al final se convirtió en algo más, casi, casi, en un sentimiento de triunfo, de superación pero sobre todo un sentimiento de equipo; de un equipo azul Reto de mujeres valientes y muy muy guerreras, lideradas por un equipo de entrenador@s que, como dicen en “cenizas de eternidad”, son el hilo conductor de esta energía tan bonita. Gracias por ello. Gracias equipo; una vez más, hago mío nuestro lema: Lo importante no es correr sino con quien corres.

ropa

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2 respuestas a ““Y ME LLAMAN MEDIO MARATONIANA”

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